Era como un súper héroe, no importaba lo que hiciera, siempre volvía a casa. De eso, sabia más que mi padre. La Luna también es para los hombres Tenía fama de estar metido en todas las casas, de tener todas las perras preñás en la calle A, de pollero, de hater de gatos, de quedarse dormido debajo de los carros y dejarles un olor en las gomas que los acompañaban a todos lados. Así que lo metieron en un carro, lo dejaron en una finca de Morovis. Lo extrañamos por un rato hasta que un día reconocimos una colita blanca encaracolada completita con la punta en el centro de la espiral. Era Rufián, nuestro perro. Volvió solo, algunos vecinos confesaron que el secuestrador había cometido el error de dejarlo asomarse por la ventana durante el camino. Estaba asqueroso, nunca fue muy limpio. Era chiquitito, no tanto como un chihuahua, con las orejas en puntas, la boca siempre abierta ojos locos, pela...